Florida Vargas Cano, forjadora de la colonia Crosthwaite

Una mujer que convirtió la gestión vecinal en una forma de construir comunidad

En la historia de Playas de Rosarito existen personajes cuyos nombres aparecen en los grandes acontecimientos políticos y económicos, pero también están aquellos que hicieron ciudad desde las calles, desde las colonias y desde la organización de los vecinos.

Florida Vargas Cano, doña Flor, pertenece a esa segunda historia: la de las mujeres que, sin ocupar un cargo público, aprendieron a tocar puertas, reunir voluntades y convertir las necesidades de una comunidad en obras.

Durante décadas, su nombre estuvo ligado a la colonia Crosthwaite, donde se convirtió en una de sus principales gestoras y en una figura fundamental para la creación, cuidado y desarrollo del parque que durante años llevó su nombre.

Florida Vargas en los años 70

Cuando Crosthwaite comenzaba a crecer

Los recuerdos de Florida Vargas ubican sus primeros años de gestión en la década de 1970, cuando la colonia Crosthwaite y su ampliación apenas comenzaban a desarrollarse. En aquellos años Rosarito todavía era una delegación de Tijuana y muchas de las necesidades básicas de las comunidades tenían que resolverse mediante la organización de los propios vecinos.

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En una entrevista publicada por Ecos de Rosarito en enero de 2025, Florida recordó aquellos años como una época de ilusión y unidad. Entre las primeras grandes gestiones estuvo la electrificación de la colonia, para la cual los vecinos acudieron ante la Comisión Federal de Electricidad y las autoridades de Tijuana. También recordó el apoyo recibido de Hugo Torres Chabert, empresario y posteriormente presidente municipal de Rosarito.

No se trataba únicamente de conseguir servicios. La comunidad necesitaba también un espacio para convivir, particularmente para las niñas, los niños y las familias.

Así comenzó otra de las grandes batallas comunitarias de Florida Vargas: conseguir y construir un parque.

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El parque como símbolo de comunidad

El parque de la colonia Crosthwaite se convirtió en mucho más que un área verde. Fue el resultado visible de años de organización y trabajo colectivo.

Florida recuerda que fueron los propios vecinos quienes participaron en distintas etapas de su construcción y mantenimiento. A lo largo de los años se realizaron trabajos para plantar árboles, colocar adoquines, mejorar instalaciones y recuperar espacios.

La prensa local ha documentado que Vargas Cano destinó incluso recursos propios para reparaciones y mejoras, además de gestionar apoyos ante autoridades y particulares.

Una de las gestiones que ella misma recordó fue la solicitud que realizó al entonces gobernador José Guadalupe Osuna Millán, de quien consiguió recursos para la construcción de los baños del parque.

En 2010, el Cabildo de Playas de Rosarito aprobó que distintos parques de la ciudad llevaran los nombres de mujeres que habían trabajado voluntariamente por mantenerlos. Entre ellos quedó oficialmente el Parque Florida Vargas, en la colonia Crosthwaite. La propuesta reconocía precisamente el trabajo desinteresado de ciudadanas que dedicaban tiempo y esfuerzo a conservar los espacios públicos de sus comunidades.

Aquel nombre representaba, por tanto, algo más que un homenaje personal: era el reconocimiento a una trayectoria comunitaria.

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Una gestora que sabía tocar puertas

Quienes conocen la trayectoria de Florida Vargas destacan una de sus principales características: su capacidad para gestionar.

Como presidenta del comité de vecinos, no dudaba en acercarse a funcionarios, empresarios y representantes de distintos niveles de gobierno.

Su archivo de peticiones fue creciendo con los años.

En 2021, Ecos de Rosarito documentó que Florida había dirigido oficios y solicitudes a prácticamente todas las administraciones municipales de un periodo de siete gobiernos, además de gestionar ante el entonces gobernador Jaime Bonilla Valdez la pavimentación de calles de la colonia.

La petición finalmente comenzó a concretarse en noviembre de 2021, cuando la PRODEUR inició la pavimentación de las calles Rumorosa y Baja California, con una inversión aproximada de 1.3 millones de pesos.

La obra representaba, en realidad, la culminación de años de insistencia.

La propia prensa había documentado desde 2019 que Vargas Cano llevaba más de una década gestionando servicios básicos y obras para la comunidad.

Una mujer frente a las autoridades

Florida tampoco fue una dirigente de colonia que se limitara a participar en reuniones.

Su manera de entender la representación vecinal era mucho más directa.

Cuando consideraba que una situación afectaba a su comunidad, acudía personalmente ante la autoridad correspondiente.

En 2008, por ejemplo, ya aparecía registrada en información periodística como integrante del comité de vecinos de la colonia Crosthwaite y como parte de un consejo consultivo municipal.

Años después continuaría apareciendo en la prensa local defendiendo asuntos relacionados con las calles, el parque, la seguridad y los servicios de la colonia.

En 2019 denunció públicamente un conflicto relacionado con la calle La Presa y defendió la condición pública de una vialidad colindante con el parque, presentando incluso planos y documentación municipal para respaldar la posición de los vecinos.

Su actividad comunitaria tampoco terminó cuando dejó la presidencia del comité.

En 2021, ante los problemas de seguridad de la zona, continuaba hablando públicamente en representación de los residentes y señalando que, aunque ya no fuera presidenta, seguía preocupándose por su colonia.

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Más de 30 años al frente de una historia

Uno de los datos más reveladores sobre su trayectoria apareció en 2021, cuando El Imparcial informó que Florida Vargas llevaba más de 30 años trabajando en el parque.

Para entonces, aquel espacio ya formaba parte de la vida cotidiana de varias generaciones de habitantes de la Crosthwaite.

La historia del parque también muestra cómo los espacios públicos pueden convertirse en lugares de memoria.

En octubre de 2021, el Ayuntamiento decidió cambiar el nombre del Parque Florida Vargas por el de Brian Efrén Cortez Rodríguez, un adolescente asesinado en las inmediaciones.

Florida manifestó tristeza por no haber sido consultada, pero aclaró que no estaba en contra de que se honrara la memoria del menor. Su preocupación era otra: que se olvidara el trabajo comunitario que durante décadas había hecho posible aquel espacio.

Su argumento quedó registrado en la prensa: el parque no era solamente un nombre, sino el resultado de años de trabajo de muchos vecinos.

La mujer detrás de la gestora

Detrás de la dirigente vecinal existe también una historia personal de esfuerzo.

Florida Vargas proviene de un origen sencillo y del campo de Guanajuato. Su vida no comenzó en los espacios donde se toman decisiones, sino en una realidad de trabajo y esfuerzo cotidiano.

Uno de los aspectos que define su trayectoria es precisamente su capacidad de superación. Ya siendo adulta mayor concluyó sus estudios de primaria, una muestra del carácter perseverante que también ha llevado a su vida comunitaria.

Su personalidad alegre, franca y optimista le permitió relacionarse con personas de muy distintos ámbitos.

Empresarios, funcionarios, presidentes municipales y gobernadores formaron parte, de una u otra manera, de las gestiones que emprendió en beneficio de la colonia.

Pero su principal fuerza siempre estuvo en los vecinos.

De la colonia a la memoria de Rosarito

La historia de Florida Vargas Cano es también la historia de una época de Rosarito.

Una época en la que las colonias crecían más rápido que los servicios; cuando conseguir electricidad, agua, drenaje, calles transitables o un parque requería que los vecinos se organizaran y fueran personalmente a solicitarlo.

En ese contexto surgieron liderazgos comunitarios que no necesariamente aparecían en los discursos oficiales, pero que fueron fundamentales para que las comunidades avanzaran.

Florida Vargas fue una de esas figuras.

Su trayectoria demuestra que construir una ciudad no consiste únicamente en levantar grandes obras. También significa conseguir que una calle tenga nombre, que llegue la electricidad, que exista un espacio para jugar, que haya árboles, que una calle pueda ser transitada y que los vecinos tengan un lugar donde reunirse.

Por eso su historia merece ser contada.

Porque Florida Vargas Cano no solamente gestionó un parque: ayudó a construir comunidad.

Y aunque el nombre del parque haya cambiado, las décadas de trabajo permanecen en la memoria de quienes conocieron aquella historia.

En la Crosthwaite quedan las calles, los árboles, las generaciones que crecieron jugando en ese espacio y, sobre todo, el recuerdo de una mujer que entendió que para cambiar las cosas había que empezar por organizarse.

Doña Flor es parte de esa generación de rosaritenses que hicieron ciudad desde abajo, con voluntad, perseverancia y comunidad.

Su legado no está solamente en una placa o en el nombre de un parque.

Está en la gente.

Está en la colonia.

Está en la historia de Playas de Rosarito.

Doña Florida Vargas Cano

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